CRiSiS y uNiVeRSiDaD

 

Crisis y universidad. (La Razón 23-IV-08)

José Barea.

La cultura de la excelencia académica impera en Estados Unidos por la competencia que hay entre profesores en las áreas de investigación y de docencia. La competencia entre instituciones no permite la endogamia
 

El presidente del Gobierno, en su discurso de investidura, puso de manifiesto la necesidad de un cambio en nuestro modelo de crecimiento, apuesta a largo plazo fundamental para el aumento de la productividad. Las primeras medidas a adoptar tienen que ir dirigidas a corregir los desequilibrios macroeconómicos: inflación y déficit exterior. Las acciones para disminuir la inflación han de ir encaminadas a mantener la estabilidad presupuestaria; toda ayuda a las familias o a las empresas, para hacer frente a corto plazo a la crisis económica, si se produce déficit, debe compensarse con una disminución en otras partidas de gasto, de manera que se conserve el equilibrio presupuestario. El aumento de la competencia y la desregulación de los mercados de bienes y servicios también tendrán sus efectos sobre la inflación. La supresión de ligar la subida de los salarios con la inflación es básica para evitar la espiral inflacionista. La corrección del déficit exterior requiere cambiar de modelo de crecimiento, pasando del actual basado en la demanda interna (consumo y vivienda) a otro fundamentado en la productividad. En nuestro artículo «La salida de la crisis», publicado en este diario el 9 de los corrientes, analizamos en profundidad los factores que tienen influencia en la productividad; nos quedó la reforma de la educación universitaria y del mercado de trabajo, que lo hacemos ahora.
El modelo de organización y financiación de la educación universitaria en vigor en España es el denominado por la doctrina como profesional o colegiado. El sistema de financiación actual no es equitativo ni eficiente, por cuanto la financiación pública obtiene sus recursos de familias de baja y media renta en un porcentaje superior del que se benefician de ella, generando efectos distributivos perversos, ya que redistribuyen recursos desde las familias más pobres a las más ricas, y no es eficiente por cuanto, al no existir competencia y tener asegurada la financiación de sus costes, los recursos no se asignan óptimamente al haberse eliminado los incentivos que incorpora el mercado. Dado que la educación universitaria no es un bien público puro sino que es un bien preferente en razón de las externalidades positivas que genera, pero conserva las características de los bienes privados, ya que en ella se dan los principios de exclusión y de rivalidad en el consumo, está justificado que parte del coste de su producción se financie por el poder público (por ejemplo el 20%) y no caer totalmente a cargo de los que se benefician de la misma. Una financiación pública mayoritaria genera ineficiencias en su gestión y falta de equidad, lo que aconseja sustituir el actual sistema por otro que haga posible implantar un mercado de educación superior, donde las Universidades competirían por atraer estudiantes basándose en la calidad de la enseñanza, ya que los estudiantes podrían elegir libremente la universidad en la que quieran matricularse, pues el dinero seguiría al estudiante. El resto del coste no financiado públicamente se financiaría por el que se beneficia de la educación. Sin embargo, por razones de equidad (distribución justa en el acceso a los recursos educativos existentes, distribución más igualitaria de la renta, mayor movilidad social, mayores oportunidades de empleo, etc.), a los estudiantes procedentes de familias de renta media y baja se las concedería una beca que cubriría el coste íntegro de la matrícula y, en su caso, el de los gastos de desplazamiento, si los hubiera, que se financiará con los Presupuestos públicos. A los estudiantes se les entregaría un bono acreditativo del importe de la beca, que cederían a la Universidad donde se matriculen; cuando en razón de su entorno familiar no pudieran cursar estudios universitarios, aun teniendo capacidad para ello, a causa de tener que incorporarse al mercado de trabajo, se les concedería un préstamo-salario que se instrumentaría mediante un préstamo de las entidades financieras avalado por el Estado y el interés se subvencionaría por el Presupuesto.

El modelo que proponemos dará lugar a que las universidades, al tener que competir por captar alumnos, sin los cuales no tendrían financiación, modificarán sus estructuras organizativas y sus procesos de toma de decisiones (entre ellos la selección de personal) para hacerlos más eficientes y, al mismo tiempo, adaptarían su oferta de titulización y su calidad a lo que la sociedad demandase. En el mercado competitivo de la educación universitaria se daría entrada a las universidades privadas en las mismas condiciones de las universidades públicas. Las universidades que tuvieran una petición de estudiantes superior a su oferta, efectuarían la selección en función de los aprovechamientos de los alumnos en los estudios de bachillerato y en el de ingreso en la Universidad. Desde el criterio de la equidad, el modelo propuesto, que ya se aplica en algunos países, elimina la inequidad actualmente existente y, desde la eficiencia, la competencia hará que nuestras universidades entren en el grupo de «la excelencia», haciendo posible que los alumnos sean capaces de transformar información en conocimiento, éste en innovación y ésta en crecimiento, lo que afectará a la productividad. Muchas de las mejores instituciones de investigación y docencia se encuentran en EEUU. La cultura de la excelencia académica impera allí por la competencia que hay entre profesores en las áreas de investigación y de docencia. La competencia entre instituciones no permite la endogamia.
 

La reforma del mercado de trabajo, introduciendo flexibilidad en el mismo, es otro instrumento para aumentar la productividad. El procedimiento de ligar el crecimiento salarial con la inflación ha sido denunciado tanto por la Comisión Europea como por el Banco Central Europeo, que han propuesto que los salarios se relacionen con el incremento de la productividad