3. El Estado de Bienestar

Introducción: génesis y evolución.
 

La expresión "Estado del bienestar" ("welfare state") entró a formar parte del vocabulario a partir de la II Guerra Mundial. La avalancha de "legislación social" promulgada en Gran Bretaña en los años 40, anunciaban la llegada de una "nueva era": la llamada "sociedad postindustrial", "capitalismo democrático del bienestar" o "sociedad del bienestar" 

De los años 40 hasta el final de la década de los 60 asistimos al apogeo de dicho modelo de Estado, traduciéndose en toda una serie de mejoras económicas, laborales y sociales para el conjunto de la sociedad. Con ello, el capitalismo parecía haber dejado atrás su tradicional "rostro cruel y deshumanizador", para presentarse con otro totalmente nuevo: más "humano" y "social". 
 
Sin embargo, a comienzos de la década de los 70, coincidiendo con la "recesión económica" iniciada por la "Crisis del petróleo" en 1973, el Estado del bienestar entra en crisis:
  • A partir de 1974 el mundo capitalista entra en una "crisis económica" (la más profunda tras la depresión de 1929). 
  • Comienzan los recortes en "gastos sociales" , a la vez que se critica al Estado del bienestar, al que se considera culpable de la crisis. 
  • En la economía, los defensores del Estado de Bienestar (keynesianos) "se retiran" (pierden poder), cediendo el paso a neoliberales y neoconservadores. 
  • Los más críticos llegan incluso a acusar al "Estado del bienestar" de "amenaza para la democracia", esto es: de hacer concesiones sociales de todo tipo para conseguir votos y llegar al poder.

En los años 80 Ronald Reagan en EEUU y Margaret Tatcher en Gran Bretaña, inician toda una serie de medidas de corte "neoliberal", dirigidas a desmantelar el Estado de Bienestar: reducción de impuestos, recorte del gasto público, atención al déficit fiscal, incremento del presupuesto en defensa... 

Con la aparición de la crisis financiera (crediticia e hipotecaria) en EEUU en 2008 y su rápida extensión por los mercados de Europa y el resto del mundo, algunos creyeron ver un cambio de tendencia. La rápida (aunque tardía) intervención de los Estados, inyectando miles de millones (dinero de los contribuyentes) en el sistema financiero para evitar su colapso, hizo pensar a algunos en un nuevo resurgir del protagonismo del Estado en la economía. 
 
Algunos líderes europeos (Sarkozy entre ellos) hablaron en septiembre del 2008 de la necesidad de "refundar el capitalismo", llegando incluso a reivindicar "la legitimidad de los poderes públicos para intervenir en la regulación del sistema financiero" (ver artículo). En Europa, estos aires renovadores se tradujeron en el "Plan de París" (finales del 2008) donde se establecieron las medidas de apoyo y rescate a las entidades financieras. En EEUU se inyectan ingentes dosis de capital en el sistema financiero, al tiempo que se nacionalizan bancos y aseguradoras. El G-20, por su parte, se reúne para aportar su "granito de arena", comprometiéndose a "reformar el sistema financiero internacional". 
 
Ya en nuestro país el presidente de la patronal (empresarios) pide hacer "un paréntesis en el libre mercado", en septiembre de ese mismo año. Atrás había quedado el tiempo de la "confianza ciega" en un mercado capaz de autorregularse por sus propias fuerzas. Por su parte, neoliberales y neoconservadores se retiran de la esfera pública, a la espera de tiempos "mejores" (tiempos que no tardarían en llegar). 

  
Pasaron dos años y... todas aquellas "buenas intenciones" que se generaron en los comienzos, quedaron en nada (ver vídeo (22/02/2010)).  
 
 
En definitiva: ni "refundación del capitalismo", ni "una vuelta al protagonismo del Estado" (y de los ciudadanos-contribuyentes), ni "reforma del sistema financiero"... Un engaño, una maniobra de distracción de la opinión pública, con el fin de volver a la situación anterior al 2008, pero ahora, con un Estado más debilitado que antes, una ciudadanía dispuesta a lo que sea con tal de unas "migajas", una democracia rendida a los pies de las "agencias de calificación" y de los especuladores (antes demonizados y ahora presentados como "salvadores") que apuestan contra la deuda pública de un país. 
 
Y, a pesar de todo, es posible encontrar una lógica (sí, de la que hemos estudiado en la unidad anterior), en todo ello:
- 1 El Estado corre a salvar el sistema financiero (bancas, aseguradoras...), prestando el dinero de todos los ciudadanos-contribuyentes a interés 0 o muy bajo.
- 2 Los Estados se endeudan como consecuencia de ello.
- 3 Los bancos, con el dinero recibido, no lo reinvierten en la sociedad (préstamos a particulares y empresas), argumentando que hay desconfianza; dicho dinero se destina a sanear y maquillar sus balances y cuentas.
- 4 Acto seguido, los bancos comienzan a mostrar una "sana preocupación" por el conjunto de la ciudadanía: dicen que el nivel de endeudamiento del Estado es "peligroso" y "contraproducente" para el resurgir de la economía y la creación de puestos de trabajo.
- 5 En consecuencia, al Estado le cuesta más dinero financiarse en los mercados: suben los intereses de la deuda pública (deuda del Estado) y, en un acto de responsabilidad y "generosidad", los bancos corren a comprar dicha deuda a un 5 y a un 7% de interés.
- 6 Los bancos obtienen grandes beneficios con el dinero de todos.
....
Conclusión:
Como el Estado se ha endeudado tanto, hay que recortar los derechos sociales y económicos de los ciudadanos (de ahí la reforma laboral, la reforma de las pensiones, los recortes en sanidad, educación, infraestructuras...).
  
Dicho de otra forma: hay que repensar y refundar...., no el "capitalismo",
sino el Estado de bienestar.

Los neoliberales que nunca se fueron (Isaac Rosa)

El siguiente artículo de Isaac Rosa ("Los liberales que nunca se fueron" ((21/04/2014) viene a completar lo dicho en el punto anterior ¿Cómo es posible que aquellas políticas (neoliberales) que desencadenaron la crisis, sigan vigentes como si tal cosa? ¿Cómo es posible que los "autores intelectuales" de la crisis sigan en su puestos? Es más: ¿cómo se puede entender que tengan hoy más poder si cabe?

La respuesta... en el siguente artículo de opinión. 



mariano.gomez1@educa.madrid.org (bauldefilosofia.es)