Todos los años, cuando a comienzo de curso entro en el aula 1A-24 y me presento a los alumnos de 1º de Bachillerato, me encuentro con una cuestión que, a estas alturas del "partido", es ya un clásico. A saber: "Y, esto de Filosofía ¿qué es y para qué sirve?".

Debe ser que dicha aula propicia este tipo de reflexiones, porque, según tengo entendido, el resto de mis compañeros desconoce lo que supone tener que justificar la materia que imparten en sus respectivas clases.

Confieso  que no sólo espero la pregunta, sino que, llegados a este punto, hasta "me gusta". De hecho, cuando la cuestión no surge (supongo que por un error de esos a los que la naturaleza no nos suele tener acostumbrados), es entonces cuando la "saco yo".

¿Por qué la filosofía? Que me disculpen mis compañeros si en este punto no hablo de las excelencias de la materia y demás...

De entrada he de decir que, cuando el alumno de la última fila (del cual no sé todavía el nombre), levanta la mano y me lanza la "piedra", sólo se me ocurre decir: "Muy buena pregunta; creo sinceramente que la filosofía no sirve para nada: justamente como las cosas importantes de la vida".

Acto seguido, les presento una escena de  "CUBE" y echando mano de las imágenes de la película, y creando con mis palabras el ambiente propicio, los devuelvo al aula invitándoles a "pensar" en nuestro particular "laberinto": el de la Vida.

¡Qué difícil es esto de "pensar"! ¡Cuánta decisión y libertad implica! y, sobre todo, ¡qué difícil es esto de ayudar ("enseñar" es ya decir mucho) a pensar!

Os aseguro que lo intento desde la filosofía y, por ello, lo sufro. Porque, "ayudar" a pensar me exige estar atento a la realidad, un montón de horas "pegado" a los libros y al ordenador, grandes dosis de "creatividad", y, sobre todo, honestidad.

Creo que el buen gusto, la libertad, y la honestidad son fundamentales para poder "pensar". Siempre lo he creído y hoy me ratifico en ello. Buen gusto para no "tragar" con argumentos infumables (argumentos de esos a los que nos tienen acostumbrados aquellos a los que persigue un micrófono, o aquellos que "persiguen" y consiguen llegar al poder). Buen gusto, por ejemplo, para no confundir algo bien simple: "calidad de vida" con "negocio". Buen gusto para no dejarse atrapar por ese sin fin de simplificaciones y vaciedades a las que nos hemos acostumbrados.

También libertad. Libertad, para no pronunciar alegremente esta palabra y asustarse cuando alguien, siempre por error, la confunde con "liberal -ismo". Libertad como para ser consciente de que apenas puedo cambiar las cosas, y que, de ningún modo tengo derecho a cambiar a nadie. Libertad para huir de recetas dadas, aunque eso suponga "quedarte a la intemperie".

Por último, honestidad. La honestidad del que se resiste a llamar "inevitable" o "necesario" lo que sólo se puede calificar como "injusto" y "denigrante". Honestidad para cuestionar, si es el caso, las propias seguridades y los cómodos autoengaños. Honestidad para ponerte en el lugar del "otro" (los muchos y muy distintos "otros"), antes de abrir la boca.

Y, hablando de honestidad: no sé si he mencionado que la "cosa" para los profesores de filosofía de la Comunidad de Madrid, está "muy malita". Según tengo entendido, la Comunidad de Madrid tiene pensado reducir a mínimos irrisorios las horas de Ética (que de 2 horas pasa a 1) y las de Filosofía del Bachillerato (que de 3 horas pasarían a 2).

Por esta razón se ha creado una "Plataforma en defensa de la Filosofía", con el fin de no ver reducidas las horas lectivas destinas a esta materia.

Desde esta página te invito a informarte (puedes acceder a la "Plataforma" a través de los distintos enlaces) y a formar parte en las demandas del profesorado de filosofía (puedes incluso firmar).

 

Concentración 21 abril

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