Presocráticos

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Materiales.

 

 

 

 

Tabla cronológica de la filosofía antigua

(enlace al pensamiento de los distintos autores)

 

Platón

Apuntes presocráticos.

 

 

 

Grecia en el siglo VI

 

 

 

  

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Para irnos haciendo una pequeña idea...

La Historia de la Filosofía occidental

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La "filosofía" comienza en Mileto.

 

 

 

 

 

Sí: así fue. Podía haber sido de otra manera, pero... no. Eso que se estudia en 2º de Bachillerato comenzó en el siglo VI a.C. en una polis jonia de Asia Menor (hoy lo llamamos Turquía). Y la filosofía comienza con una serie de personas que, curiosamente, buscan lo mismo: identificar el "arché de la physis".

 

Lo siento pero... ya empezamos con expresiones "raras"

Para que estos y otros términos no te asusten, mira las siguientes recreaciones de la obra de Escher (un genio de las figuras imposibles).

 

Enlaces sobre Escher.

 

Página oficial de Escher

Acceso a sus obras (puedes descargarlas)

 

 

 

 

 

 

 

Como dijo Tales, el agua es el "Arché de la Physis".

Sin embargo,  hay quien está harto del "agua".

Es el caso de Leo Harlem en el siguiente monólogo.

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Antes de encararnos con Platón, hablemos de los presocráticos, en concreto de Heráclito. Para hacernos a la idea de lo que intenta transmitirnos con su pensamiento, echa un vistazo a estos dos enlaces.

El primero, se titula... Mejor, pon tú un título.

 

 

 

El segundo enlace corresponde al trailer de la película "Crash".

 

 

 

 

 Un detective de policía con una madre drogadicta y un hermano desaparecido, dos ladrones de coches que teorizan continuamente sobre la sociedad, un ocupado fiscal del distrito y su estresada esposa, un veterano policía que no consigue asistencia social para su padre enfermo, un joven e idealista policía que no está de acuerdo con el comportamiento de su compañero de patrulla, un exitoso director de televisión y su altiva esposa, un inmigrante persa que compra un arma, un cerrajero hispano que se ha mudado de barrio para que su hija pequeña no viva la proximidad de las armas, entre otros personajes, viven en la zona gris que media entre lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo, donde unas veces se es víctima y otras agresor.

 

En un universo lleno de contrastes en el que tarde o temprano todos colisionan entre sí.

 

 

 

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Parménides

 

 
 

Parménides y Matrix.

 

 

Se puede establecer un cierto paralelismo entre  Parménides y la película  “The Matrix” (Warner Bros 1999), en la que los hermanos Larry y Andy Wachowski recrean el famoso poema del autor griego con una fidelidad increíble.

 

llegados a la puerta, nos recibe la diosa (en este caso un hombre, Morfeo) que nos interroga por los motivos de nuestra búsqueda (no hemos venido aquí traídos por el destino, sino porque nosotros lo hemos querido), nos muestra los dos caminos de conocimiento posibles (la “vía de la opinión“, de la creencia, frente a la “vía de la verdad“, del saber, del verdadero conocimiento) y nos invita a tomar una decisión.

 

No es la única escena significativa de la película, como podemos ver en la secuencia del constructor, cuando Neo descubre el engaño y se pregunta: “¿qué es real?”

De nuevo Parménides (anticipando el pensamiento de Platón) afirma: “es lo mismo pensar que ser“, lo real es lo que puedo pensar (“noein”, no tanto pensar como “ver”, “percatarse de algo”), lo que mi cerebro “ve“, “interpreta“, porque lo “conoce“, lo “construye“.

 

Tomado de "Filmosofía"

 

 

 

 

 

 

 

Parménides y el principio de identidad:

"el ser, es; el no ser, no es".

 

 

Para algo tenía que servir el Primer principio.

Reflexiones serias, sobre temas serios.

 

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Parménides muestra una falsa disyunción, o un camino u otro, pero como el segundo no puede ser, sólo nos queda uno: el de que “es”. ¿Y qué es? Se trata de un problema lingüístico. “Ser” tiene dos funciones muy claras: una función verbal, como verbo copulativo, y una función nominal o existencial, en la que funciona como sujeto. Lo que nos revela el poema es que el verbo "ser",  puede usarse en forma nominal.

Ahora ya podemos responder a la pregunta “¿qué es?”: “el ser es”. Pero las consecuencias no serán solo lingüísticas, sino lógicas, epistemológicas y, sobre todo, ontológicas. Pues la revelación de la diosa es una revelación tautológica: “el ser es, y el no-ser no es”. De este primer principio podemos partir para deducir todo lo demás: “lo que cabe concebir y lo que cabe que sea son la misma cosas”. Lo que no es real (lógico) ni siquiera puede ser pensado, pues todo pensamiento es de algo.

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Tomado de "Filmosofía"

 

 

 

 

 

En el siglo V a.C., Zenón de Elea, discípulo de Parménides, dedicó parte de sus esfuerzos a demostrar la validez de las afirmaciones de su maestro (demostrar la existencia de una única realidad (el Ser) que sólo se podía captar por la razón y la negación de toda pluralidad, cambio o devenir).

 

 

 

Para ello utilizó el procedimiento de reducción al absurdo. Consiste en partir de una hipótesis y deducir sus consecuencias tratando de encontrar una contradicción, que, si se produce, demuestra que esa hipótesis era falsa.

 

Existen varias aporías; la más conocida es la de Aquiles y la tortuga. Esta aporía o paradoja viene a decir que si el espacio es divisible, como muestran los sentidos, es divisible infinitamente. Por tanto, si Aquiles, el más veloz de los hombres, co­rre detrás de una tortuga que posee sobre él una ventaja, jamás la puede alcanzar, puesto que, cuando Aquiles llegue al lugar en que se encontraba la tortuga al iniciar la carrera, la tortuga ya habrá avanzado algo, y cuando Aquiles llegue a ese nuevo punto, ocurrirá lo mis­mo. La distancia que separará a Aquiles de la tortuga será cada vez más pequeña, pero ja­más la alcanzará, porque el espacio (tal como afirman los sentidos) es infinitamente divisible.

 

El resultado es, pues, paradójico: los sentidos confirman no sólo que Aquiles alcanza a la tortuga, sino que la sobrepasa rápidamente; sin embargo, la razón dice que eso no puede. Por tanto, la hipótesis que había servido de punto de partida al argumento es falsa y la afirmación contraria -que no existe el espacio divisible como afirman los sentidos- es la verdadera.

 

 

 

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Sócrates y los sofistas (apuntes alumnos )

Ya están aquí los malos "malísimos": los sofistas.

 

 

 

 

Muchas preguntas.

 

¿Quiénes fueron los sofistas?

¿A qué se dedicaban?

¿Por qué el término "sofista" (sabio) adquirió tan pronto un significado peyorativo?

 

¿Qué tenían en común gente de procedencia tan distinta?

¿Qué temas les preocupaba, qué ideas defendieron y enseñaron?

 

¿Cuál fue su contribución?

¿Realmente se les puede considerar una "plaga" para el pensamiento y la sociedad?

 

Protágoras, Gorgias... ¿por qué han pasado a la historia?

 

 

Un texto sobre la aportación de los sofistas en el marco de la Atenas democrática del siglo V a. C.

 

"Fruto de la democracia que se había iniciado en el siglo V a.C., el diálogo supuso la eliminación del lenguaje dogmático. La verdad se desvelaba no como el imperio del sacerdote o del rey, sino en la coincidencia de los hombres, en el enfrentamiento de sus opiniones, en las que no había, en principio, nadie que administrase ese discurso, que lo impusiese desde el espacio privilegiado de un monólogo sin respuesta. Los sofistas, iniciadores de las discusiones filosóficas, crearon con ellas un escepticismo ante cualquier forma de discurso establecido y, en consecuencia, dieron lugar a una verdadera democratización del Logos. Nadie podría atribuirse el monopolio de la seguridad en lo dicho. Todo era revocable y discutible. No hubo un código filosófico que detentase una lectura férrea e inequívoca de las cosas. Pero al dejar reducidos los problemas a los límites de su expresión y al marco de tantas controversias momentáneas, la reflexión sobre el mundo y los hombres se convirtió, en primera instancia, en una reflexión sobre el lenguaje"

(EMILIO LLEDÓ, "La memoria del Logos", Taurus, Madrid 1996, pág. 46-47)

 

 

A vueltas con los sofistas:

un interesante debate sobre la diferencia entre "alcanzar la verdad" y "acabar teniendo la razón"

 

 

 

Primer fragmento de la película "Gracias por fumar" ("Thank you for smoking") de Jason Reitman, que nos puede servir para aproximarnos a los sofistas (salvando todas las distancias habidas y por haber) y a las "técnicas de persuasión" por ellos empleadas.

 

 

 

Sinopsis:

Nick Naylor, jefe de prensa de una gran compañía de tabaco, dedica su vida a defender los derechos de los fumadores (o quizás, los intereses de una compañía tabacalera) en la cultura neo-puritana de hoy en día.

 

 

Enfrentado a grupos de defensa de la salud y a un oportunista senador, Nick pasa a la ofensiva como relaciones públicas del consumo de cigarrillos, pero al mismo tiempo comienza a pensar en la imagen que está dando a su hijo pequeño Joey

 

La película (y el fragmento de la izquierda) me parece de lo más interesante para reflejar la "ambivalencia" que producen los sofistas (por lo menos a mí).

Si reproduces el vídeo comprobarás cómo, en el discurso de Nick, hay dos momentos distintos (dos tipos de discursos): uno, demagogo, manipulador... El otro....

¿Sabrías identificar a qué otro discurso me refiero y a qué secuencia corresponde?

 

A partir de aquí podemos abrir un debate sobre el papel de los sofistas en la Atenas del siglo V a.C; qué hay de criticable en ellos; si hay algo que merezca la pena en estos personajes...

 

También podríamos discutir si "realmente" se da una ambivalencia en Nick, si hay o no dos tipos de discursos (y, en caso de que los haya, quién puede prevalecer), el poder de los medios de comunicación de cara a "crear" opinión...

Lo dicho: a disfrutar y a pensar un poco. 

 

 

 

 

 

Seguimos con "Gracias por fumar".

 

  Recojo aquí la trascripción de uno de los  diálogos de la película, tomado de  "filoblog"

(el diálogo comienza en el minuto 0:54)

 

A Joey, el hijo de Nick, le han pedido una redacción para la escuela sobre por qué el Gobierno americano es el mejor del mundo.

Le pide ayuda ayuda a su padre, y entonces tiene lugar esta conversación:

 

 

 

-¿Lo planteó tu profesora?
-Sí. ¿Por qué?
-Hmmm… escucha (…) me concentraré en el
quid de la cuestión. O sea, A. ¿Tiene América el mejor gobierno del mundo? Y B. ¿Qué constituye el mejor Gobierno? ¿el crimen? ¿la pobreza? ¿la enseñanza? En América no son los mejores. Puede que tengamos un gobierno muy entretenido pero…
-¡Papá…! (Con fastidio)
-Perdona… Joey… ¿conoces el término GP?
-¿Gilipolleces?
-Exacto. Gilipolleces. Si me lo permites, es lo único que abordan las preguntas que plantea tu profesora. Porque aunque América tuviera el mejor gobierno no podríamos demostrarlo. ¿Cuánto has de escribir?
-Dos páginas.
-Imposible en dos páginas.
-¿Y qué tendría que escribir?
-Escribe lo que quieras. Escribe… sobre la increíble habilidad de América de obtener beneficios reventando las tarifas y llevándose puestos de trabajo a países tercermundistas, o sobre lo bien que ejecutamos a delincuentes… Escribe sobre eso.
-¿Lo puedo hacer?
-Es lo bueno del razonamiento, que si razonas correctamente nunca te equivocas.
-Papá, si acabo este trabajo en menos de una hora, ¿me puedo quedar levantado?
-Eso es negociar, no razonar.

 

(Si te interesa, sigue leyendo)

Luego hablamos.

 

 

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Y, ahora, Sócrates

 

 

 

 

 

Muchas preguntas.

 

 

 

El intelectualismo socrático: la polémica está servida.

 

Según Sócrates, el que actúa mal, lo hace porque desconoce los que está bien. Si lo conociese, inevitablemente actuaría correctamente. De ahí concluye que, al que se comporta mal, no hay que "castigarlo", sino "educarlo".

 

 

 

SÓC. –– ¿Afirmas, por tanto, que quien desea cosas bellas desea cosas buenas?

MEN. –– Ciertamente.

 SÓC. –– ¿Como si hubiera entonces algunos que desean cosas malas y otros, en cambio, que desean cosas buenas? ¿No todos, en tu opinión, mi distinguido amigo, desean cosas buenas?

 MEN. –– Me parece que no.

SÓC. –– ¿Algunos desean las malas?

MEN. –– Sí.

SÓC. –– Y creyendo que las malas son buenas ––dices––, ¿o conociendo también que son malas, sin embargo las desean?

MEN. –– Ambas cosas, me parece.

SÓC. –– ¿De modo que te parece, Menón, que si uno co­noce que las cosas malas son malas, sin embargo las desea? 

 MEN. –– Ciertamente.

SÓC.––¿Qué entiendes por «desear»? ¿Querer hacer suyo?

MEN. –– Desde luego, ¿qué otra cosa?

SÓC. –– ¿Considerando que las cosas malas son útiles a quien las hace suyas o sabiendo que los males dañan a quien se le presentan?

MEN. –– Hay quienes consideran que las cosas malas son útiles y hay también quienes saben que ellas dañan.

SÓC. ––¿Y te parece también que saben que las cosas malas son malas quienes consideran que ellas son útiles?

MEN. –– Me parece que no, de ningún modo. 

 SÓC. –– Entonces es evidente que no desean las cosas malas quienes no las reconocen como tales, sino que de­sean las que creían que son buenas, siendo en realidad ma­las. De manera que quienes no las conocen como malas y creen que son buenas, evidentemente las desean como buenas, ¿o no?

MEN. –– Puede que ésos sí.

SÓC. ––¿Y entonces? Los que desean las cosas malas, como tú afirmas, considerando, sin embargo, que ellas da­ñan a quien las hace suyas, ¿saben sin duda que se van a ver dañados por ellas? 

 MEN. –– Necesariamente.

SÓC. –– ¿Y no creen ésos que los que reciben el daño merecen lástima en la medida en que son dañados?

 

(Menón, 77b-78a)

 

 

 

La polémica está servida.

 

Muchas cosas se podría decir de todo ello: en primer lugar, que Sócrates "peca" de ingenuo; también que el castigo (bien entendido) es una forma o un medio de aprendizaje (que se lo digan a los conductistas). Pero, sobre todo, que ya es hora de que alguien abra las ventanas de par en par y deje entrar un poco de aire fresco en medio de tanto "moralismo" y de tantos defensores de la "ley y el orden". Consulta el siguiente enlace.